Fantasías sobre la realidad y ocurrencias varias







domingo, 19 de enero de 2014

INSTINTOS BASICOS


Otra mañana más, a la misma hora, en la misma parada me encuentro con la extraña del pelo blanco. Como siempre, apura el cigarrillo con una mano mientras con la otra se aferra al diario que abrirá en cuanto llegue el autobús para ya no apartar la vista de él hasta el siguiente trasbordo. Me pregunto si se tratará de un ritual destinado a aliviar el tedioso trayecto o de una táctica de aislamiento. Probablemente no me entere nunca, no mientras sigamos respetando nuestro acuerdo tácito de no hablarnos e ignorarnos cordialmente.

Hay gente maravillosamente dotada para cerrarse en banda al mundo que les rodea. Son capaces de pasar todos los días a tu lado y hacerte sentir parte del mobiliario urbano. Por fuerza han de recordarte, pero se niegan a cruzar su mirada con la tuya con una tenacidad asombrosa, porque ese simple gesto implica un reconocimiento que lleva invariablemente al saludo y a la comunicación. Y supongo que es eso lo que se teme y se trata de evitar a toda costa, a costa de la propia humanidad, nada menos.

Incluso los animales que se encuentran por primera vez, cuando entre ellos no detectan amenaza, se olisquean y saludan con una cortesía admirable. Y esto ocurre hasta entre animales de distintas especies, porque a veces sucede que no hay urgencias vitales que atender y el instinto de supervivencia no consiste solo en matar o escapar, consiste también en cuidar, tanto de la propia especie como de otra. Así se explican las imágenes de perros cuidando de gatos y otros emparejamientos más extravagantes. Esto que los animales saben de forma instintiva, que todos dependemos de todos y nos debemos respeto y ayuda, nosotros tenemos aún que admitir que pueda existir, descubrirlo y después probarlo científicamente. Si no tuviéramos el corazón tan duro como la cabeza lo habríamos entendido hace tiempo.

A pesar de todo, no dejo de agradecer el silencio en un autobús atestado a las ocho de la mañana. Mi cerebro no estará listo para una conversación hasta una hora más tarde y bastante hago con procesar las imágenes con que mis ojos o mis sueños me apabullan. Supongo que a mis compañeros de viaje les sucederá otro tanto y por eso evitan propiciar cualquier familiaridad. ¿Quién sabe si ese hombre que parece tan serio y compuesto es en realidad un pelmazo al que le encanta hablar de sus dolencias? ¿O si esa mujer sonriente y con ojeras es una orgullosa madre de un bebé de año y medio del que acabarás sabiendo todas sus peripecias diarias? O peor todavía: ¿qué hacer con el incómodo silencio que se instala entre dos desconocidos cuando se agotan los temas triviales? A la mayoría le resulta más difícil de manejar que la cháchara intrascendente y por eso seguirán hablando sin parar hasta el final del trayecto. Bien pensado, el peligro es inmenso, pero nadie se ha muerto a causa de un exceso de verborrea ajena. Es la indiferencia lo que mata, lenta y calladamente.

Mirar a la gente a los ojos entraña un riesgo, igual que lo hace esto de vivir. Querer evitarlo equivale a pretender existir a medias para que la vida nos dure más. Cuando el absurdo se desvela no hay más remedio que asumir los imponderables con deportividad y confiar en que tu instinto de supervivencia y el de los que te encuentras por el camino esté tan afinado como el de perros y gatos. Por eso siempre busco a la mujer del periódico. Por mucho que se atrinchere en él es tan incapaz de no mirar a los ojos como yo. Alguna vez nos hemos dedicado una sonrisa y creo que nos entendemos perfectamente. Ninguna de las dos necesita más y ninguna nos conformamos con menos.

2 comentarios:

  1. Vivimos como en una burbuja, aislados entre cientos de "otros" tan aislados como nosotrros mismos. Así somos en el contexto que se impone. Por eso yo no cojo autobuses a esas horas tan tempranas. Prefiero ir a pie y algo más tarde. Se me olvidaba: ya estoy jubilada y los horarios los impongo yo. ¡Qué suerte, Minervina!

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    1. Aislados y amedrentados. Una penita de especie estamos hechos.

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