Fantasías sobre la realidad y ocurrencias varias







domingo, 3 de julio de 2011

PRÓXIMO VS MÁXIMO

Hace unos años, en una conversación con una prima de mi edad cuyo progenitor estaba muy enfermo, tuve una visión catastrofista de la existencia humana. En aquella época yo aún estaba muy cabreada por la enfermedad y muerte de mi padre y me empeñaba en culpar de esa desdicha a todas las instancias metafísicas que se me pusieran a tiro, ya fueran dios, destino, karma o el reverso tenebroso de la fuerza.
Después de un completo repaso por el catálogo de problemas que supone una buena atención a un enfermo, mi prima se preguntó qué iba a ser de nosotras, solteras y sin hijos, si alguna vez nos veíamos en esa situación de invalidez. Aunque le echó humor a la pregunta, maldita la gracia que le hacía tener que formulársela. Me sentí obligada a rescatarla de un pesimismo que en aquellos momentos no se podía permitir y le espeté: tranquila, eso no va a pasar, no tenemos descendencia a la que joderle la vida, así que ningún poder que se precie va a perder el tiempo con nosotras. En los momentos más negros de mi rabia había llegado a contemplar la existencia como una cabronada en sesión continua que se transmitía por vía hereditaria, perpetuando en la generación siguiente una ilusión de trascendencia que enmascaraba nuestra estéril lucha contra la incertidumbre.
Afortunadamente, hoy día estoy liberada de la narcisista aflicción de creerme en el punto de mira de poderes extraterrenos y empiezo a atisbar algo parecido a la comprensión de los elementos que componen una vida que merezca la pena. Uno de esos elementos consiste en aceptar que la única certeza con la que contamos es la de la muerte y con esa basta y sobra. La conciencia de la mortalidad es el tributo que pagamos por nuestra inteligencia. Si la volvemos contra nosotros mismos dejándonos amedrentar por lo que nos descubre solo nos quedará el lamento del viejo maestro de gladiadores, somos sombras y ceniza, en vez de intentar vivir a la altura de su potencial, en el borde de las cosas donde creamos e inventamos palabras, teorías y mundos, en vez de optar por la actitud del general romano diciendo la muerte nos sonríe a todos, devolvámosle la sonrisa. Ambos luchaban por su existencia, pero mientras uno intentaba derrotar a la muerte, el otro intentaba conquistar la vida. La primera es una batalla perdida, de manera que sólo nos queda intentar lo otro y sonreír, aunque no acabemos de entender el chiste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario