Fantasías sobre la realidad y ocurrencias varias







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viernes, 26 de julio de 2024

El circo de la carpa morada

 "Mujer, eres una víctima impotente.

Hombre, eres un asesino maltratador y violador. 

Y que no se os olvide mientras estáis lejos de la tele"


La difusión de este mensaje ultrajante y venenoso es la principal función que cumplen los infames puntos violeta. Una afrenta a la ciudadanía sufragada con dinero público. Pagamos para que se nos insulte. El universo ficticio y virtual de todas contra todos y viceversa se materializa en toldos y carpas financiados por nuestros ayuntamientos.

El problema no es que la política esté corrupta y llena de vividores. El problema no es que paguemos impuestos para financiar majaderías con las que alimentarlos. El problema es que nos injurian y denigran a todos por igual y esa es la única igualdad que les interesa a los cínicos que nos gobiernan.

Nosotras las mujeres no somos unas doncellas estúpidas e inútiles que necesitemos supervisión, ni ser apoyadas, ni aconsejadas, ni acompañadas por otras hembras de la especie aparentemente desprovistas de esas taras. Y ellos, los hombres, no son unos criminales de la peor especie, son nuestros padres, hermanos, tíos, primos y amigos con los que convivimos y a los que amamos y respetamos.

Esto ha ido demasiado lejos y no se arregla votándole a nadie. Se arreglaría, tal vez, exigiéndole a los ayuntamientos que dejen de insultar a sus residentes y visitantes cada vez que se reunen pacíficamente en la calle o en las plazas. 

Yo no voy a empezar ninguna campaña de recogida de firmas porque para quemarme en esa pira me falta la motivación adecuada. No tengo hijos ni hijas que justifiquen semejante sacrificio, ni tengo ya toda la vida por delante para contribuir a un futuro mejor para mi misma. Me tengo que conformar con el derecho al pataleo porque si no lo suelto reviento.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Entregando el alma

Recibo un correo de mi hermano haciéndome una pregunta muy simple y además tres propuestas de contestación muy pertinentes al contenido de la cuestión, cortesía del servicio de mensajería que, en sus esfuerzos por hacerme la vida más llevadera, no se limita ya a analizar el contenido de mis mensajes en busca de amenazas para mi privacidad, mi seguridad y la del mundo civilizado sino que me proporciona ese servicio extra y además gratis. Debería estar encantada y agradecida pero lo que estoy es mosqueada y sobrecogida.

Y es que da miedo constatar la normalidad con la que asumimos cómo los derechos fundamentales van quedando uno tras otro en papel mojado. La inviolabilidad de las comunicaciones personales era uno de ellos. Me dirán que exagero, que un robot que analiza el texto no puede causarme ningún daño moral, pero Google ya admitió que su personal también analiza algunos correos como parte del control de calidad de sus sistemas automatizados.  Supongo que lo que me pasó con el traductor de Google al traducir una canción popular del finés al español se debió a uno de esos momentos en que un humano toma el mando para hacer un control. Sólo así se explica que el mismo estribillo –que literalmente no quería decir nada- fuese dejado sin traducir salvo al final, donde se añadió la frase  “vamos a joderme  a la mierda”, que aun con una sintaxis maquillada de robótica no puede negar su autoría humana.  Y lo peor es que casi me alegro de que sea así. Un humano ofensivo no es tan espeluznante como un robot rebotado al más puro estilo cavernícola.

Pero, volviendo al asunto de los derechos, salvo las sugerencias de respuesta automática de mis correos no he detectado ninguna mejora sustancial en mis devaneos cibernéticos desde que se aprobó la nueva ley de protección de datos. Si acaso un empeoramiento porque ahora en todas las páginas tengo que darme por enterada de que me van a infestar de cookies el ordenador para “proporcionarme una mejor experiencia de navegación”, porque a eso se reduce ese consentimiento desinformado. La única salvaguarda es para el que va a manejar esos datos y la concedemos graciosamente, sin caer en que el derecho a la intimidad se devalúa a base de regalar esa privacidad  a cada golpe de ratón. Pronto pediremos que nos pongan un chip, aunque solo sea por ahorrarnos la fatiga y la ansiedad de crear y recordar tanta contraseña y entonces estaremos definitivamente acorralados. Ya puestos también podemos devolverle a Prometeo el fuego divino porque a este paso no nos va a hacer ninguna falta. Igual pica y hasta podemos exigirle responsabilidades, porque lo que es a Google y compañía solo podemos arrancarles sentidas disculpas por la inconveniencia, las multas millonarias se las embolsan contrincantes de su talla. Veremos cómo les va a los franceses, que no tienen ningún complejo de inferioridad -au contraire- y han decidido demandar colectivamente al gigante a través de una asociación de consumidores reclamando mil euros por conciencia ultrajada. Digo yo que el temor a una condena en costas en caso de perder les habrá hecho refrenar el ánimo porque si no no se explica tal comedimiento.

Todo ese celo con que los estados y las grandes corporaciones velan por la seguridad y la transparencia tiene visos de dirigirse a la creación de una sociedad de seres éticamente perfectos, o por lo menos honrados por defecto, porque no habrá posibilidad real de delinquir. Seguros, transparentes y sin necesidad del libre albedrío -porque no habrá opciones donde ejercitarlo- solo nos quedará el poder mentir para demostrar que no somos robots (o al menos para probar que no somos del todo estúpidos) y para proteger la desnudez de nuestra verdad, que luego dirán que vamos provocando, con todas las ideas al descubierto. Así, en el entrampado legal en el que vivimos nadie estará libre, por ejemplo, de perpetrar un delito de odio al menor descuido, incluso contra uno mismo, si es que no está pasando ya. Pero a lo mejor tenemos suerte y este sistema implosiona antes de llegar a ese mundo “perfecto”, porque no se puede estar prohibiendo una cosa y su contraria sin crear inconsistencias inmanejables. Solo un humano es capaz de convivir con el absurdo, los sistemas en cambio se bloquean.

Entre tanto, mientras reseteamos una y otra vez todo el tinglado, a la espera del ordenador cuántico que le dé sentido a todo de una vez o del bofetón que nos despierte de la pesadilla, seguimos obviando el problema de los derechos. Tal vez, me temo, porque ha perdido relevancia frente a otro problema mayor y más acuciante: el de dilucidar qué es ese ser humano sobre el que se postulan los derechos. O resolvemos el dilema y blindamos la integridad de la condición humana o no habrá límite para los potenciales estropicios de una inteligencia artificial desprovista de una ética a la medida del hombre. La filosofía se ha vuelto a poner de moda y no es un hecho casual ni el fruto de una sociedad hedonista con tiempo para perder pensando en las musarañas, es cuestión de mera supervivencia.  La de la especie humana, nada menos. Porque el verdadero peligro inminente no es que las máquinas nos aniquilen, sino que la esencia de lo humano, además de escurridiza, resulte irreconocible. 


Publicado en La Provincia Diario de Las Palmas el 24/07/2019

domingo, 2 de julio de 2017

LA ETICA DE LA PICONERA







No hace mucho me embarqué en un curso online sobre ética de la Universidad de Lausana, creado por dos miembros de su facultad de empresariales y económicas, uno profesor de ética empresarial  y el otro de teoría de decisiones. El título del curso era Unethical decision making in organizations. Parecía interesante y me moría de curiosidad por saber a qué clavo ardiendo se iban a agarrar los directivos de las organizaciones en un mundo devastado por la codicia sin escrúpulos que la “nueva economía” nos legó. Un páramo ético donde ni las flores del mal osan brotar porque hasta para ser malo, lo que se dice malo, hace falta inteligencia y ponerla al servicio de los valores contrarios a los que proclamamos como buenos. Y algo de eso hay, pero la mayor parte del problema es fruto de la inconsciencia, sabiamente explotada por los malos de verdad.


El huracán de capitalismo salvaje que se desató en los ochenta (la única regla era que no había reglas, ¿se acuerdan?) mandó a paseo los valores y se centró en la estrategia de ganar dinero a cualquier precio. El colapso de este desenfreno llegó allá por 2009 y todavía no nos hemos recuperado. Hasta aquí la nota histórica, por si me está leyendo algún menor sin filtros parentales.


Hoy se ha invertido la tendencia, lo de hacerse asquerosamente rico de la noche a la mañana y pregonarlo con orgullo ya no se lleva, ahora vuelve a estar de moda la modestia y lo que se busca de cara a la galería (porque de puertas adentro sigue siendo el dinero) es respetabilidad. Cualquier organización que se precie, a parte de una visión y una misión, tiene que tener una política de responsabilidad social, aunque se limite a patrocinar al equipo de balonmano del barrio, el caso es ser percibido como un benefactor de la comunidad y hacerse perdonar lo de ganar dinero, que ahora es de muy mal gusto y sólo lo hacen los criminales.
En un contexto así urge encontrar la forma de evitar a toda costa la mala imagen que un fraude, malversación, abuso o enchufismo puede acarrear, pero como los humanos somos como somos y no tenemos remedio -al menos en el corto plazo(*)-  la solución pasa por blindar a las organizaciones con un sinfín de protocolos, medidas, contramedidas, decálogos, comités y auditores contra las decisiones desacertadas de los mismos humanos que las manejamos. El mecanismo no es nuevo, se llama burocracia y está comprobado que funciona. De una manera perversa, pero funciona. Aunque sólo sea por la dificultad añadida de tener que sortear todo el laberinto administrativo.
Pero me estoy desviando. Las organizaciones, por mucho que les demos una personalidad jurídica, un número de identificación fiscal, estatutos y decálogos éticos no tienen alma. Ni sienten ni padecen ni se avergüenzan de su comportamiento. La ética solo atañe al ser humano, al que toma las decisiones, correctas o incorrectas, a sabiendas o no. Y es aquí donde reside la novedad en el enfoque que el curso preconiza. Un enfoque que todavía me tiene perpleja. No soy capaz de decidir si es un producto de la psicología new age, cargado de comprensión y amor universal, o un intento sibilino de excusar lo inexcusable y echarle la culpa al sistema (chivo expiatorio de primera opción allá por los setenta, cuando la crisis del petróleo y el reflujo de los sesenta dejaron al descubierto los estropicios de un desarrollismo mal planificado).
El curso pretende alertar sobre cómo el contexto de la organización (con la fuerte presión que puede ejercer) y la estrechez de miras pueden llevar a personas honestas y con principios a actuar de forma poco ética. El énfasis se pone no en las “manzanas podridas” sino en las sanas y explica divinamente las mil y una formas en las que éstas se pueden malear. Desde el miedo a las represalias hasta el efecto perverso de las rutinas pasando por la presión de los pares y el mismo estrés, ejemplificado con famosos estudios de psicología y sonados casos empresariales, todo se reduce a explicar cómo surge lo que ellos denominan ceguera ética.
Hasta aquí todo muy bien. El problema lo tengo en la forma de tratar un caso de corrupción bajo este enfoque. Y es que el concepto de ceguera ética me parece sumamente peligroso, por mucho que sea acertado. Convendría buscar otra manera de llamar a la causa de tales errores, de otra forma lo que se propicia es eludir la responsabilidad con el apoyo impagable del lenguaje y su carga emocional.
Porque no es lo mismo decir  “te has portado como un sinvergüenza” que “has sufrido un episodio de ceguera ética” o mejor todavía: “eres VICTIMA de un caso severo de ceguera ética”, que podría llegar incluso a un “perdónanos por haberte forzado a traicionar tus valores, toma tu indemnización, tu incapacidad permanente por enfermedad profesional, una pluma de regalo y no nos demandes, por favor”. Y aquí lo único que ha pasado es que la organización no ha sabido prever o corregir las anomalías y el causante del estropicio se queda tan ancho y se va cantando aquello de  por tu culpa culpita yo tengo negro negrito mi corazón…


(*) lo que dura una legislatura (cuatro años) o la revisión del interés de la hipoteca (un año), horizontes temporales que no dan ni para empezar a enseñar a hablar a un niño con propiedad, conque quítame allá lo de transformarlo en ciudadano si no lo trae aprendido de casa cuando se incorpora a la polis



sábado, 1 de julio de 2017

COSMOAGONÍAS


Percibir la realidad como un sin dios en el que sobrevivimos de puritito milagro es algo muy desazonante. También es el producto de una mente que está diseñada para categorizar y fantasear al mismo tiempo. Tal vez por eso el dicho de “escapamos locos”, que se aplica a situaciones donde ha operado ese poder inefable de evitar un estropicio épico, tenga que ver con la sospecha de que la fantasía exacerbada y dañina solo puede combatirse con otra igual de potente pero de signo contrario.

Da lo mismo si se trata de una fe o de una buena teoría de la conspiración, el caso es mantener la ficción que nuestro lado categórico y racional demanda: que alguien está a cargo, para así poder librarnos de la responsabilidad que implica el ser conscientes todo el tiempo de que cada decisión que tomamos, por trivial que parezca, no es sino una manera en que operamos sobre la realidad, construyéndola y dejando nuestra impronta en ella.

Esa es una carga muy pesada para un simple mortal. Además, para esa tarea ya inventamos (es un decir) al titán Atlas, que desde que tenemos memoria se viene ocupando de mantener el cielo y la tierra convenientemente separados, que no desconectados, e incluso nos damos el lujo de mandarlo ocasionalmente a por uvas o manzanas de oro, según tengamos el día, cada vez que nos viene en gana medir nuestras fuerzas con los dioses.

Y es que los doce trabajos de Hércules no son nada comparado con lo que tenemos que bregar día a día en el aquí y ahora. Integrar la dualidad y superar el conflicto aparente entre realidad y fantasía, (o entre materia y energía, o entre cuerpo y alma… you name it) requiere despojarse de la convicción de que somos un subproducto de las circunstancias y asumir que ya somos la prueba viviente de esa integración. Ulises no dudó un momento de sí mismo y burló a más de un dios. Y todo cuanto tenía era un cerebro de serie (como  el nuestro) y el sueño de volver a casa.

Ítaca puede ser cualquier cosa y en cualquier parte, nosotros lo decidimos. Como también decidimos si esto es el destierro en el consabido valle de lágrimas, o una odisea, o un paseo por el parque a la espera de la próxima reencarnación. Puestos a fantasear (y a elegir, que es de lo que se trata), me pido ser La Dama de Aldebarán, con poder para expulsar demonios y confundir auditores, patrona de las causas borrosas y los cirujanos plásticos, comandante en jefe de las walkirias, mediadora de conflictos interplanetarios y protectora de las macetas de hierbahuerto. Ea. Y que alguien me diga que no.

sábado, 4 de julio de 2015

MASA CRITICA

Estoy encantada con los resultados de Podemos tras las últimas elecciones. Viene a demostrar que la sociedad española no lo ha dado todo por perdido y que ha tomado en sus manos el hacer algo al respecto de la situacion descorazonadora en la que andamos metidos. Al margen de lo que pueda terminar ocurriendo el avance ha sido gigantesco y nos marcará para bien.

A pesar de lo que todos ya sabemos sobre la realidad socio cultural de nuestro país no se puede ignorar que hay muchísima gente que ha tenido, a lo largo de los últimos 50 años, acceso a la educación. Con todos los defectos del que el sistema ha padecido desde el principio hasta nuestros días, no cabe duda de que ha existido y de que a muchos les ha aprovechado y en ese sentido la población de entre 40 y 80 años es de lo mejorcito que ha visto este país en lo que a formación y criterio propio se refiere.

El azar o la divina providencia ha querido que esta circunstancia excepcional concurra con otra que no es sino la del surgimiento de un genio político, de nombre Pablo Iglesias. Podrá terminar siendo o no el diablo con coleta del que hablan sus detractores, pero ha logrado movilizar y canalizar una conciencia ciudadana a punto de caramelo para un desafío a su altura. UPyD supo detectar el fenómeno incluso antes de que apareciera en escena el movimiento de indignación colectiva y sus resultados de movilización fueron notables, mucha gente venció el miedo, el pudor y hasta el repudio que involucraba "meterse en política" y ese fue el primer paso. Pero lamentablemente sus líderes estaban anclados en modelos viejos que no se superaron, no se si por falta de ideas o de coraje. O simplemente por cuestión de justicia poética y de tener que oficiar el papel de chivo expiatorio para reconciliarnos con nuestro ethos político, si es que algo así existe, que no me sorprendería.

Y entonces llega Pablo Iglesias y arrasa. Su mayor éxito no está en el número de alcaldes, présidentes, concejales y consejeros que haya obtenido el partido. Está en el número de votantes y candidatos al que se le ha brindado la oportunidad -y la han tomado- de demostrar a las claras y por las buenas que no tienen ningún miedo y que están dispuestos a participar activamente en un proyecto común, abarcativo y esperanzador.

domingo, 15 de diciembre de 2013

ACTIVISMO SUBVERSIVO

A parte de estar cada vez más indignada con la política y las leyes de mi país empiezo a estar muy harta de los pseudointelectuales del terruño que no hacen sino acusarnos a todos de indiferentes y que pretenden fomentar una revolución que ni ellos mismos saben cómo hacer. Alguien les ha oído dar algún consejo práctico de cómo enfrentarse al poder establecido? Alguno ha aportado una idea valiosa sobre cómo burlar a la autoridad que nos machaca despiadadamente? Alguno ha tenido una ocurrencia genial para poner en evidencia a los gilipoyas que nos gobiernan ante todo el mundo mundial?
 
Es muy fácil arengar a las masas a majarse a palos por cortesía de las fuerzas del orden. Y luego qué? Tullidos y arruinados por las futuras multas seremos el ejército de desposeídos más patético y honorable del planeta y ese será nuestro gran logro. Pero eso no va a pasar porque después de haber protagonizado una transición ejemplar y de haber iniciado un movimiento igualmente ejemplar de protesta ciudadana en 2011 los españoles no vamos a dejarnos robar la paz que nos merecemos. Ya se nos ocurrirá algo. Si los intelectuales no nos ayudan con propuestas audaces y los pseudointelectuales nos boicotean con ideas estúpidas a lo mejor un chiste de Forges o de El Roto puede encender la chispa necesaria. En ellos y en mis compatriotas tengo puestas todas las esperanzas.
 
Y por si sirve de algo, propongo que el 28 de diciembre, coincidiendo además con la fecha en que se suelen publicar las medidas de orden économico y social que acompañan a los presupuestos, salgamos a la calle con pancartas donde se lea: "Rajoy, eres guapo, inteligente y un gobernante cojonudo" y otros piropos por el estilo dedicados a miembros del gobierno, casa real, políticos, banqueros, obispos, sindicalistas y patronos. Sugiero además que se notifiquen las manifestaciones a las respectivas Delegaciones de Gobierno, como es preceptivo, y se las califique de manifestaciones de apoyo incondicional al gobierno y al status quo. Más que nada para ir entrando en el espíritu de la nueva ley de seguridad ciudadana, pero a nuestra manera y en un día propicio. Otro día cualquiera se puede hacer lo mismo pero con una falsa nariz de Pinocho adosada sobre la verdadera y el DNI en la boca para facilitar la identificación.

viernes, 1 de noviembre de 2013

ECOLOGIA SUBVERSIVA


 
La Tierra necesita que la amen. No sólo necesita que nos preocupemos de distribuir las basuras en distintos contenedores (que en muchos casos van a parar al mismo vertedero). No sólo necesita que paguemos una tasa por la « huella de carbono » cuando cogemos un avión (aunque lo recaudado vaya a financiar proyectos no estrictamente relacionados con el medio ambiente). No sólo necesita que no despilfarremos agua y electricidad (aunque eso no haga ninguna mella en un sistema hidroeléctrico ineficiente). No sólo necesita que compremos productos biológicos (que son carísimos). Todo eso está muy bien, pero no es bastante. La Tierra necesita, sobre todo, que la amen.

Necesita que nos conmovamos contemplando su belleza, que nos admiremos observando los prodigios que se suceden cada día, al brotar la hierba, al abrirse una flor, o al madurar una manzana. Requiere que nos sintamos bendecidos y agradecidos, que le devolvamos la mirada amorosa con la que nos envuelve todos los días, tanto si la merecemos como si no. Porque el amor y el cuidado es lo único que ayuda a sanarla de los venenos que le administramos y a evitar que se auto regule con cataclismos devastadores. Porque el amor, el auténtico, es lo único que nos lleva a cuidar y a respetar y esa es nuestra única salvación como especie. De otra forma, se nos sacudirá un buen día de un plumazo y, libre de nosotros, volverá a encontrar la manera de generar vida.

sábado, 26 de octubre de 2013

MANIFESTACION EN LAS PALMAS DE GRAN CANARIA




Iba a escribir un artículo muy sentido sobre la idiosincrasia canaria y la genialidad que habita en la España periférica, pero no me voy a explayar. Basta fijarse en la pancarta del centro para entender que no nos duelen prendas a la hora de expresarnos cuando de fuera vienen esgrimiendo tijeras que amenazan con dejarnos a todos escribiendo como hablan los personajes de Morgan. La forma de hablar es otra historia. La zeta no la pronunciamos porque no nos da la gana y el de Garda reserva la ele para mandar a la mielda al que viene a corregirlo, pero podemos reirnos de nosotros mismos con tal de hacer un chiste del memo que se empeña en impedir que podamos seguir haciendo juegos de palabras. Algo que requiere conocer ortografía, gramática y semántica y que es de lo que se ocupa, entre otras cosas, la Educación.
 
 
 
Foto de Loly Betancor. Gracias compañera.
 
 

miércoles, 22 de mayo de 2013

ECONOMIA SUBVERSIVA IX

Los números me han hablado desde que los conozco. Huelga decir que jamás he conseguido descifrar su mensaje, pero la fascinación por su lenguaje me ha perseguido siempre. Cuando los descubrí mi mente se abrió al pensamiento especulativo y al ensimismamiemto intelectual. Me recuerdo en la parada del autobús escolar completamente entregada a la tarea de imaginar secuencias y sin parar de asombrarme de los resultados, completamente feliz de tener a mano aquel entretenimiento tan conveniente para pasar los ratos muertos.
Más tarde vinieron, y por este orden, el trauma de la teoría de los conjuntos, la vuelta al enamoramiento con las series, el misterio de las derivadas y las integrales, el drama del cálculo matricial, la reconciliación con el cálculo infinitesimal, el retorno al paraíso con la estadística y por último el descubrimiento del desafío del tándem música-matemáticas.
Y al final ha pasado lo que tenía que pasar cuando se mezcla una imaginación con tendencia al disparate con la poca pericia matemática: que sale un artículo como el que estoy escribiendo ahora mismo.
Resulta que vengo observando desde hace unos meses los resultados del euromillón y los de las loterías francesas y se me ha metido en la sesera que esos resultados no concuerdan con las leyes de la estadística. La parte de mi cerebro que funciona en automático se empeña en ver patrones que, según ella, no deberían estar ahí. Y el clamor de ese puñado de neuronas es tan grande que no puedo ignorarlo por más tiempo y necesito buscarle una explicación, aunque sólo sea por ocupar ese espacio de mi disco duro en otros menesteres más productivos.
La explicación más plausible que he conseguido pergeñar sería la siguiente: las loterías están completamente informatizadas, luego, los organismos de loterías de los Estados conocen todas las combinaciones que se están jugando en cada sorteo antes de que éste se produzca, luego, también pueden conocer la combinación que minimiza el reparto de premios, sobre todo, de los premios gordos. ¿No sería de lo más tentador poder amañar los sorteos de forma que sea ésa y no otra la combinación que salga? Mi conclusión es que han conseguido hacerlo y por eso los resultados se dan de tortas con las leyes de la probabilidad.
Pero lo que más me satisface de mi peregrina teoría es el corolario que se sigue, el cual me lleva por fin a entender la perreta que le ha entrado a nuestro Gobierno de vender Loterías y Apuestas del Estado y lo complicado que está resultando. Y es que un negocio como ése sólo se hace cada dos mil años.

sábado, 4 de mayo de 2013

ROYAL PAINS

Se nos ha inculcado, desde que el mundo es mundo, que los reyes tienen un algo divino. Son reyes por la gracia de Dios, el rey y la tierra son uno, sus manos sanan, o por lo menos curan la caspa, que diría el muy irreverente y anti monárquico Terry Pratchett.
A falta de un Dios en el que creer y confiar nos encanta la idea de un sustituto de carne y hueso que encarne las virtudes que se le atribuyen al otro: sabiduría, justicia, poder, benevolencia y, como no, la capacidad de obrar prodigios.
Debe de ser por eso que aún toleramos en Europa una institución con la que no ha conseguido acabar ni la Revolución Francesa ni la democracia ni el psicoanálisis. Pero ahí están, simbolizando todo lo que el más florido cuento de hadas es capaz de proveer, alimentando nuestra necesidad insaciable de mitos y leyendas, de magia y de trascendencia. Y además reforzamos el artificio haciéndolos inimputables, colocándolos por encima del resto de los mortales frente a la justicia de los hombres.
Al final, en la época moderna, es sólo cuestión de suerte el que esa especie de gólem que hemos creado sea más o menos adecuado a los tiempos que le toca vivir. Lo mismo puede resultar un borrachín botarate que un tipo capaz de abortar un golpe de estado. Aunque con el correr del tiempo el botarate puede acabar convirtiéndose en un respetable monarca y el héroe del Tejerazo en un matón de elefantes indefensos. Lo cual nos lleva a la cuestión de fondo, que no es otra que los reyes son nada más y nada menos que hombres. Unos aprenden de sus errores, otros no y todos envejecen con más o menos tino.
Pero, oh fatalidad, resulta que la cosa se ha puesto tan negra que ya no creemos ni en Dios ni en cuentos de hadas y los españoles vemos a la monarquía como un problema más, por si ya había pocos. Puede que no sirva de nada el órdago que ha lanzado nuestro rey, porque, la verdad, a mí no me interesa saber en qué se gasta los cuartos la familia real, ni que terminen condenando a una parte de ellos, a mí, que en el fondo soy una romántica, lo que de verdad me pondría es que nuestro rey retara en torneo a los malos -que sabe quienes son- y les obligara a dejar de estar jodiendo a los españoles.
 

jueves, 25 de abril de 2013

ECONOMIA SUBVERSIVA VIII


Me pongo el bombín, agarro la sombrilla de colores y me lanzo a otro capítulo de Economía Subversiva atendiendo a la llamada del deber aunque sin malditas ganas.  Que conste que esto no tiene nada que ver con la paliza futbolera que nos han dado los alemanes en lo más granado de la “Marca España”, noticia que, incomprensiblemente, no tiene ningún eco en el dossier de prensa del Colegio de Economistas de Las Palmas, pero de la que me he enterado gracias al señor portugués que me cobra el almuerzo todos los días y que suele exhibir con los clientes españoles una solidaridad ibérica que no nos merecemos en absoluto.

Esto tiene que ver con la majadería de nuestro gobierno de desoír impertérritamente las voces autorizadas que alertan en contra de la política de más recortes y más impuestos en las circunstancias actuales. En serio, ¿se lo tenemos que dibujar o qué? Si hay que hacerlo se hace, pero que sea algo sencillito, algo como la teoría de la servilleta de Arthur Laffer, que además ya está hecho y no requiere conocimientos de física cuántica. El tipo se lo dibujó a un político estadounidense allá por finales de los 70 y triunfó.

Su gráfica viene a ilustrar cómo a partir de cierto punto el aumentar los impuestos disminuye la recaudación fiscal. Si bien es cierto que desde el punto de vista científico su teoría no es tal (y ya puestos, ninguna teoría económica lo es, para qué nos vamos a engañar), no es menos cierto que lo obvio no necesita mucha argumentación.

El siguiente paso, después de asimilar que no se puede estrangular a la gallina de los huevos de oro, es reconocer que todas las gallinas son igual de auríferas, aunque unas pongan (o le echen) más huevos que otras. Llegamos así al tipo de sistema impositivo y a cuestionarnos por qué el progresivo es más justo. ¿De verdad? ¿Quién lo ha dicho? En una sociedad como la española, el que las rentas más altas carguen con tipos impositivos más altos se traduce en lo siguiente: las rentas muy altas, generalmente no tributan aquí, de una forma o de otra se las arreglan para no soltar un chavo, las rentas altas y medias pagan un pastón y las rentas bajas muy poco o nada. Pero sin embargo, los primeros agraciados (y únicos, porque cada vez hay menos a repartir) en disfrutar de los beneficios del sistema, ya sea en forma de acceso a vivienda, de acceso a guarderías, de acceso a enseñanza concertada, de acceso a prestaciones de la ley de dependencia, etc… son precisamente los que menos contribuyen a su mantenimiento. Lo siento pero esto es redistribución de la riqueza al estilo Robin Hood, sólo que, encima, los ricos no son realmente los ricos, sino la sufrida, expoliada y hundida clase media.

A lo mejor algún economista con más tablas que yo (o un filósofo, o un poeta, o un jesuita, no tengo remilgos) puede explicarme por qué es más justo un sistema progresivo que uno igualitario en el que todo el mundo pague el mismo porcentaje sobre sus ingresos. Una tarifa plana de la que no se libre nadie y que haga realidad el dicho de que “hacienda somos todos”. De paso también podríamos acabar con bonificaciones, deducciones, exenciones, diferimientos y demás gaitas eliminando un sistema hiper complicado, (que sólo por su dificultad técnica podría ser hasta inconstitucional), tramposo y mezquino.

Y, por supuesto, hacer lo mismo con las empresas. ¿A santo de qué hay que subvencionarle a la empresa privada sus gastos en investigación y desarrollo, por ejemplo? ¿Acaso la empresa va a ceder al Estado las patentes que su actividad origine? ¿Entonces?

No es tan difícil. Con la información de la que dispone la Administración se puede hallar el tipo impositivo de IRPF e Impuesto de Sociedades que maximice  recaudación y crecimiento dado el nivel de renta del país -teniendo en cuenta también el IVA- y que minimice los estragos en la capacidad ponedora de las gallinas. Igual hasta sobran otros impuestos directos que, a parte de ser redundantes, sólo han servido para irse por la alcantarilla de las haciendas locales (que desagua generalmente en los bolsillos de los políticos y prebendados de las administraciones homónimas). Claro que esto supondría desmantelar el disparate de las 17 sucursales del gallinero o sus innumerables comederos municipales. Luego se quejarán de que las gallinas estén flacas, con tanto viaje.

Pero oigan, que si lo que quieren es seguir recortando, también tengo otras ideas geniales en las que nadie parece haber caído y es que el quijotismo a veces nos ciega, porque, a ver, ¿cómo se entiende que la AECID haya dado 700,000 euros a organizaciones no gubernamentales de Guinea Ecuatorial –un país que está nadando en petróleo- en 2012? Y esto es sólo un pequeño ejemplo de la generosidad transfronteriza que se permite nuestro gobierno mientras aquí se racanea con la factura de los comedores escolares. Casi estoy por pensar que el desastre de la Champions se amañó desde el gobierno para darles una alegría a los pobres alemanes, que tan preocupados están con nuestras cosas. Si es que son unos alarmistas y no se dan cuenta de que aquí estamos tan de puta madre que hasta vamos a seguir subiendo los impuestos. Y olé.

lunes, 13 de febrero de 2012

ECONOMÍA SUBVERSIVA VII

Hoy la prensa económica se deshace en comparativas del coste del despido en España frente al del  resto de  países de la CEE y, oh, sorpresa! Resulta que es el más caro de todos. Desproporcionadamente caro. Pero esto nunca ha sido un secreto, lo que ocurre es que conviene airearlo ahora para que la reforma laboral “se entienda” mejor. Que maravillosa sintonía la de los periódicos y el Gobierno. Dan ganas de creer en la sincronicidad de Jung, en la existencia de las almas gemelas y en el retorno de Elvis, todo al mismo tiempo.

Ya tuvimos hace poco una señal de que prodigios como este se sucederían antes del advenimiento de la Reforma, cuando nuestro presidente presumía en Bruselas de lo que esta medida significaba. “ME va a costar una huelga general”, decía él tan ufano, con una sonrisa en toda la cara. No le va a costar al Gobierno, no nos va a costar a los españoles (que seremos quienes la paguemos en forma de días descontados y de cajas sin hacer), le va a costar a Él. Y lo dice con el mismo tono satisfecho del que dice “este deportivo de marca me va a arruinar en gasolina”. Habrá quien lo tome por un lamento, pero en realidad es jactancia. Y es que no hay nada mejor para apuntalar el recién adquirido prestigio en el patio del recreo de los chicos mayores que ir diciendo: “Soy tan presidente, pero tánto, que me hacen una huelga general. Chincha y rabia.”

Con tantas señales, tanto toque a rebato de campana y tanto ángel exterminador en la judicatura me había hecho ilusiones de que esta vez la cosa iba en serio. Pero por lo que van destilando a cuentagotas los medios, que en su sabiduría administran y dosifican la información, lo que tenemos delante no es el fuego purificador de un apocalipsis que devore los andamios podridos de unas estructuras desvencijadas, es solo otra vuelta de tuerca al mismo andamiaje chirriante. El despido seguirá siendo carísimo, tendremos más legislación, nuevos tipos de contrato, nuevas complicaciones y para rematar, rizando el rizo, el paro será compatible con el trabajo. Más peso para la estructura y más peligro para todos. En resumen: un disparate.

Ya está bien de tanto paternalismo. Si no nos podemos permitir negocios ineficientes habrá que replantearse si no es hora de acabar de una vez con las indemnizaciones desmesuradas por el lado de los trabajadores y con las deducciones, bonificaciones y exenciones de las empresas por el otro. Ni los trabajadores son funcionarios con derecho a plaza fija ni el Estado le debe nada a los empresarios porque hayan decidido aventurarse en un negocio.

Y los bancos y cajas, calladitos, cómo no, por mucho que tengan ganas de tirar cohetes. La ineficiencia es muy cara, y ahí han estado, están y estarán ellos, financiando el despilfarro mientras haya garantías y son los únicos beneficiados de este lamentable estado de cosas. En una economía saneada con unas empresas que se autofinancian, quién los necesita?

Somos un pueblo inmaduro y esto se refleja en la manera en que se gobierna: amenazando y asustando primero, para acabar luego cediendo a caprichos y lloriqueos, con miedo de perder tanto el aura de benefactor munificiente como el amor de los gobernados. Y así llevamos siglos, sin osar ni querer emanciparnos del poder establecido, sin desafiar a Papá Estado. Mientras en el resto de Europa se quitaban de encima la autoridad de Roma y la de los reyes aquí nos pusimos todos de acuerdo (por una vez)  para quitarnos de encima a los franceses. Lástima que lo hiciéramos tan bien y tan rápido, podíamos habernos aprovechado un poco más de la Ilustración.

Claro que, si uno lo piensa, es casi un milagro que hayamos llegado tan lejos con tanto lastre y habiendo empezado tan tarde. Igual aun estamos a tiempo de coger al toro por los cuernos y enderezar la situación. Por lo pronto, parece que lo del caso Urdangarín no se va a quedar en agua de borrajas. No es como cortarle la cabeza al rey (que Dios no lo permita), pero por algo se empieza. Y debería bastarnos. Somos también un pueblo muy imaginativo y una buena alegoría la procesamos divinamente.

martes, 2 de agosto de 2011

ECONOMÍA SUBVERSIVA VI

Tengo una amiga muy sabia que dice que el secreto de una vida feliz consiste en tranquilidad y buenos alimentos. La mejor traducción al román paladino que he oído en mi vida del tradicional mens sana in corpore sano, sin pedantería y directo a la sesera. Además carece de cualquier resonancia atlética, que lo hace todavía más fácil de asumir para los que no estamos dispuestos a correr ni para coger la guagua.
Lo malo es que, por simple y clara que sea la receta, a la mayoría nos cuesta muchísimo mantener el cuerpo y la mente libres de toxinas. Y no se trata solo de poner voluntad y cuidado, es que cuesta una pasta, porque ni un buen psicoterapeuta ni una dieta sana son lo que se dice baratos. Lo que me lleva a otro dicho de otra amiga igualmente sabia que reza la buena vida es cara, la barata no es vida, otro acierto que no tiene discusión, se mire por donde se mire.
Pero al mismo tiempo, cubrir estas dos necesidades básicas tiene un efecto catastrófico para el sistema, por eso la Seguridad Social no se encarga de promover la salud mental, que es lo que le correspondería. Una mente verdaderamente sana es inmune al consumismo exacerbado en que se basa todo el tinglado y acaba generando un metabolismo eficaz que impide enfermar al cuerpo. Y a ver cómo nos colocan entonces el último cacharro tecnológico o la última vacuna contra la última gripe. ¿Mente sana? ¿Estamos locos o qué?

miércoles, 4 de mayo de 2011

ECONOMÍA SUBVERSIVA V

Cuando el mundo se nos aparece del revés sólo tenemos dos opciones: el desconcierto o hacer el pino. La última no lo soluciona del todo, ya que nuestra vista apunta en una dirección y nuestras manos en otra, de manera que nos vemos obligados a contorsionarnos para no avanzar de espaldas al objetivo o a ir irremediablemente hacia atrás.
En nuestro estado del bienestar resulta que la administración se dedica a financiar proyectos filantrópicos dentro y fuera de nuestras fronteras al tiempo que empieza a proponer el copago en sanidad y la privatización de servicios públicos. No es que se haya olvidado la distinción entre lo público y lo privado, es que ya ni siquiera parecen tener claro sus actores el ámbito de cada cual. Y eso es grave
¿Cuándo y cómo empezó a distorsionarse todo? ¿Cuando los poderes públicos facilitaron la institucionalización de movimientos sociales de solidaridad porque les liberaba de alguna carga? ¿O fue cuando los ciudadanos toleramos que estos mismos poderes públicos se inmiscuyeran en nuestras conciencias y bolsillos premiando determinadas actuaciones?
Tal vez, cuando aparecieron las deducciones en la declaración de la renta por donativos a ciertas entidades deberíamos haber dicho “no, gracias, dediquen ese dinero a evitar que yo tenga que hacer donativos a la Cruz Roja o a Cáritas Diocesana, dedíquenlo a promover las condiciones para que ninguna de esas dos entidades sean necesarias, limítense a cumplir con su mandato constitucional, en definitiva, que de mis asuntos privados ya me ocupo yo”. Pero claro, aceptamos la rebaja encantados y sintiendo que nos compensa de los fallos del sistema, que lo mismo nos deja sin profesor al niño un mes que nos obliga a pagar unas tarifas de teléfono abusivas, por poner solo dos ejemplos.
Y en este acuerdo tácito de compensaciones y contorsiones se olvida el pacto originario y esencial, el contrato social de Rousseau, por el cual cedemos el poder a cambio de garantías de nuestros derechos, no a cambio de pequeñas y oportunas dádivas que individualmente poca cosa remedian y que, lejos de aportar algo al estado del bienestar, sólo consigue mermar sus recursos.
De pronto nos encontramos un buen día con que la ONG de nuestra elección nos ha cargado en la cuenta unos números para un sorteo (Hacienda por lo menos inicia un expediente de recaudación ejecutiva y te avisa) y que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo ha destinado 899.422,00 € a un proyecto denominado “Fortalecimiento del sistema de salud mental en Guinea Ecuatorial”.
La subversión es necesaria, no en el sentido de destruir, sino en el de trastocar, porque ahora mismo lo que debería estar arriba está abajo y viceversa. Hace falta un giro de 180 grados para restaurar el orden y poder recobrar el norte. ¿Seremos capaces de hacerlo después de tanto tiempo agarrotados boca abajo? Una cosa está clara: cuanto más tardemos, más nos dolerá.

viernes, 22 de abril de 2011

ECONOMIA SUBVERSIVA IV

Hay que reconocer la genialidad venga de donde venga, así que hoy me toca quitarme la pamela, con gran chirriar de horquillas, ante el Ministerio de Economía y Hacienda. Supongo que la cercanía de las elecciones estimula la creatividad, pero eso sería quitarle mérito a la brillantez de la idea y no sería justo por mi parte. En el fondo, no sé qué me chincha más, si el oportunismo de la medida o el constatar que existe un potencial creador de primera magnitud que sólo se emplea de manera perversa y cuando conviene.
Resulta que han anunciado la ampliación de la deducción por mejoras que redunden en la eficiencia energética de la vivienda habitual. Esta medida, que entró en vigor en abril de 2010, se ve ahora corregida incrementando los límites de los ingresos que dan derecho a aplicarla  y haciéndola extensiva a la segunda residencia. Dicen que la rehabilitación del parque inmobiliario del país tendrá un efecto maravilloso en el empleo y el crecimiento. Pues bueno, a falta de conocer los detalles del asunto, esta aparente rebaja fiscal para las sufridas economías domésticas se va a quedar en eso, en apariencia, ilusión o espejismo.
Mención aparte merece la cara de palo que se le habrá quedado con este anuncio al que no sabe cómo va a pagar la próxima cuota de la hipoteca de su única residencia y que ha visto recortadas sus deducciones. Pero vayamos ahora con los afortunados que pueden afrontar un gasto como el de instalar paneles solares en su dúplex, por ejemplo. Vaya, pues se salen del límite porque ganan lo que su trabajo cualificado vale, mala suerte chicos.
Tomemos entonces a los pensionistas, que ésos mucho no ganan y además, seguro que han podido ahorrar en el pasado y tienen una casita en la playa o en otro lugar. Pues sí, la tienen, pero se la tienen cedida a un vástago que no ha podido hacerse con una vivienda propia por la precariedad de sus trabajos. Probablemente, ni los progenitores ni los hijos puedan permitirse nuevas instalaciones más eficientes, pero si pudieran, sólo podría deducírsela el titular de la vivienda tras acreditar que ha hecho los pagos. O sea, que si el gasto lo asume el hijo, no lo podrá deducir y además expondrá a su padre a justificar sus ingresos ante Hacienda si le da el dinero para que sea él quien realice los pagos y obtenga así la deducción. Demasiadas complicaciones.
Vayamos ahora a los que no tienen unos ingresos demasiado elevados para el tope exigido y tienen una segunda residencia que alquilan (puede darse, cosas más raras se ven). Si acometen la mejora en la segunda residencia resulta que ese gasto ya es deducible de los ingresos por alquileres, dado que puede considerarse como reparación o sustitución o como gasto necesario para obtener los ingresos (porque le ha alquilado la casa a un ecologista furibundo que exigía esas mejoras para firmar el contrato, por ejemplo). ¿Va a ser compatible la deducción por este concepto con la consideración del mismo gasto como gasto deducible? Lo dudo, pero aunque así fuera, para los cuatro gatos que se van a poder acoger a ella en este país, poca mella le harán a las arcas públicas.
Total, que lo único que van a favorecer va a ser la picaresca, pero han conseguido contentar a los vigilantes del déficit público y encandilar a los ciudadanos, pasando de esa manera por artífices de medidas económicamente eficaces y sensibles con el medio ambiente cuando en realidad lo que están ofreciendo es algo así como “por la compra de un zapato del pie derecho le regalamos el del pie izquierdo”. Lo que no han contado es cómo esta medida puede ayudar a aflorar rentas no declaradas, como son las rentas imputadas por otras viviendas a disposición de sus titulares. Lo dicho: genial.

domingo, 3 de abril de 2011

ECONOMIA SUBVERSIVA III

Francamente, no sé qué hago escribiendo esta serie de artículos cuando el Ministro de Trabajo ha demostrado tener más dotes y mayores medios para encontrar soluciones disparatadas al problema del paro. Y es que apabulla mucho que todo un señor Ministro de un país de la CEE salga por peteneras y haga parecer serias mis fantasías. Además, no es justo, porque de sus patujadas se hace eco toda la prensa nacional y parte de la internacional, mientras que yo tengo un seguimiento muy selecto pero escaso, y si encima me roba los chistes no sé quién coño acabará leyéndome.
El caso es que andaba yo elucubrando cómo hacer que la Seguridad Social tuviera más ingresos y cuando ya tenía un par de ideas geniales sobre el tema va éste y se descuelga con la amnistía para la economía sumergida. Por muy buenas que fueran mis propuestas, contra eso no se puede competir, porque como ocurrencia tiene la cualidad de un directo a la mandíbula, te deja K.O. y empiezas a ver un carrusel de pajaritos que te transporta a un mundo idílico donde todo es posible. Tiene también la cualidad de los grandes chistes, la potencia del absurdo es tan desconcertante que, superado el shock inicial, empiezas a preguntarte si no habrá algo de verdad, deslumbrado como te quedas por la evidencia de que el mundo al revés parece seguir funcionando igual.
Mis humildes propuestas subversivas consistían en hacer que en realidad cuente lo que hasta ahora no se podía contar, pero que tiene su valor, como el trabajo de los cuidadores de enfermos dependientes o el trabajo de las amas de casa. Para lo primero basta con desarrollar un poco la maravillosa Ley de Dependencia con la que hemos sido agraciados por este Gobierno tan ocurrente y que contemplaba la remuneración de los cuidadores principales. Implementar un régimen especial de la Seguridad Social para ellos no tendría que ser tan complicado, se podría prácticamente calcar del régimen de empleadas del hogar, con la salvedad de que empleador y empleado serían la misma persona, pero eso es solo una peculiaridad del asunto, no un escollo insalvable.
Para lo segundo, lo del trabajo de las amas de casa, ni siquiera hay que desarrollar leyes. Basta con que ellas (o ellos, total, puestos a ser subversivos...) se den de alta como autónomas y den de alta su hogar como pensión. Sus ingresos serán los que destine el cónyuge que curra al mantenimiento de los gastos de comida, lavado y planchado de ropa, etc, de manera que los gastos, como en toda casa de familia, nunca serán superiores a los ingresos y en la declaración de la renta no habrá perjuicio para la hacienda pública, porque esa actividad económica dará resultado cero. Pero habremos conseguido 3 cosas: aumentar el PIB, cotizar a la Seguridad Social y que la persona al frente de la actividad genere su derecho a una pensión.
Pero no, al señor Ministro le parece mejor anunciar a bombo y platillo un indulto y un “pague la sanción en cómodos plazos” para aquellos que nos estafan a todos. No deja de ser coherente con la práctica de rescatar bancos en apuros, sólo que a otra escala, pero en el fondo es lo mismo: premiar la incompetencia y las conductas criminales.
¿Pero en serio se cree que un tipo que ya ha asumido el riesgo de que lo pille una inspección de trabajo se va a echar en brazos de sus perseguidores? ¿Qué gana con ello? Lo que ganará ya lo ha dejado claro Hacienda, que como siempre va por libre y en esta ocasión doy gracias por ello: que lo estarán esperando con las actas de inspección por dejar de practicar retenciones o declarar ingresos, según el caso, para después seguir hablando de IVA y de Impuesto de Sociedades.
Lo dicho, yo no puedo competir con esto, lo único que puedo mantener es que la subversión genuína es la mía, porque lo que hacen estos que nos gobiernan se llama de otra forma y su nombre es perversión.

miércoles, 23 de febrero de 2011

ECONOMIA SUBVERSIVA II

Hojeando la prensa económica da la sensación de que la confianza de los expertos y de los mercados en la economía española cambia según sopla el viento. Un día todo el mundo se felicita de lo acertado de tal o cual medida, al siguiente se afirma que el rescate está  a la vuelta de la esquina, al otro sube la bolsa y así sucesivamente.
Para mi que los análisis hace tiempo que dejaron de medir la realidad porque los mercados están sometidos a tales distorsiones que ya no hay pauta que valga. Es como pretender alcanzar un bólido subido en una patineta. Y si es complicado entender lo que está sucediendo ahora o incluso en el pasado no es de extrañar que las previsiones sean un completo desastre.
Pero no podemos resistirnos a descifrar el mundo, a elaborar conjeturas y ponerlas a prueba. Lo hacemos tozudamente aún cuando los modelos vigentes se muestran ineficaces. Hasta que un nuevo paradigma no cambie nuestro enfoque vamos a seguir buscando en la dirección equivocada. Pero no podemos pararnos, ni queremos. Los humanos tenemos casi el deber moral como especie de tropezar dos veces en la misma piedra, y hasta de molerla a patadas si hace falta.
Para hacer la espera más llevadera podemos leer a los poetas o ejercitar la imaginación fantaseando teorías disparatadas. Si lo hacemos muy bien igual nos salimos por el otro lado y damos con una solución. Por ejemplo: ¿Se ha tenido en cuenta la astrología como modelo predictivo de la realidad socio-económica? ¿No? ¿Pues a qué estamos esperando?
Mientras los expertos se ponen de acuerdo en la fecha y hora de nacimiento de esta crisis para poder hacer la carta astral, vamos a ir adelantando las previsiones para cada signo en lo que queda de mes:
Aries: Con Júpiter en tu signo, llevas un mes más derrochón que de costumbre. Tienes suerte de que febrero tenga solo 28 días.
Tauro: Con la luna en frente de tu signo estos días no haces sino imaginar calamidades y te estás poniendo de muy mal humor. Vete de comilona el fin de semana y deja de gruñir.
Géminis: Sabes buscarte la vida perfectamente y esta crisis no va contigo. Sigue así.
Cáncer: Con Venus en frente de tu signo por esta vez no tienes puesta la cabeza en el dinero. Déjate de racanerías y regala flores.
Leo: Es un buen momento para cobrar deudas y/o tener una trifulca. Tú verás.
Virgo: Los astros no muestran tensiones en la marcha de tus asuntos. Pero tú no te lo crees y te seguirás gastando una fortuna en el homeópata que te da esas píldoras para poder dormir. Y sigues sin dormir bien.
Libra: No te queda nada. Con Saturno instalado en tu signo estás aprendiendo a ahorrar. Ya era hora, Libra.
Escorpión: La luna en tu signo estos días te ha llevado a renovar todas las cerraduras de la casa y comprar una caja fuerte. Resiste la tentación de comprar armas de fuego, que no hay para tanto.
Sagitario: Como no tienes a Júpiter de tu parte más vale que no inviertas en bolsa al final de la semana. Y por cierto, Acerinox no es una marca de ropa deportiva.
Capricornio: Con Venus en tu signo sientes deseos de gastar más dinero en las cosas bellas de la vida. Calma, no hay porqué alarmarse, se te pasará pronto.
Acuario: El tránsito de Marte puede acarrear algún contratiempo financiero. Pero no te alarmes, que será algo del tipo extraviar la tarjeta en el frigorífico u olvidarte momentáneamente de tu clave secreta. Un fastidio, pero no te vas a gastar un duro.
Piscis: Igual este fin de semana, con el sol y Mercurio en tu signo, se te ocurre alguna genialidad para ganar dinero. Por si acaso te viene en sueños pon una libreta y un boli en la mesa de noche. Y, sobre todo, ¡compártela en el blog!

martes, 22 de febrero de 2011

ECONOMIA SUBVERSIVA I

Hay que reformular el IPC y dejarse de pamplinas. Y no estoy hablando de tener en cuenta o no tales o cuales productos, ni de usar subíndices según convenga. Estoy hablando de reformular el concepto, porque lo que da la verdadera medida de lo gravosa que le resulta la existencia al ciudadano no son los precios de la cesta de la compra sino las imposiciones, prohibiciones y castigos de dudosa necesidad a los que tan proclives son nuestros gobernantes.
En el coche nos imponen los triángulos de señalización de averías, los chalecos reflectantes y las carísimas sillas (las que hagan falta, según edad y peso) de los niños. En nuestros hogares nos imponen la señal digital y nos obligan a adquirir uno o más decodificadores. No me digan que no es un negocio redondo para un fabricante de estos artilugios el que un Estado obligue a todo el mundo a usarlos. En nuestras calles nos obligan a pagar por aparcar en ellas, cuando ya pagamos el impuesto de circulación, entre otros.
La zona azul se ideó para agilizar la rotación de los vehículos estacionados en zonas de mucha afluencia, no para generar unas perrillas extra a los ayuntamientos y mucho menos como excusa para crear una empresa pública que la gestione y encima pretender que tenga beneficios. Se pasa con una facilidad pasmosa del “vamos a mejorar el problema del aparcamiento”, por ejemplo, al “vamos a hacer caja” y se olvidan de cuál era la idea de fondo.
Lo que eufemísticamente se llama voracidad fiscal de la administración (por los estudiosos del tema) y en ocasiones afán recaudatorio (por los de la oposición, cuando quieren parecer indignados y leídos) evidencia una total falta de escrúpulos y de gestión eficaz de los recursos. Habría que llamarlo directamente rapiña si no fuera porque lo que hay detrás de esta actitud me temo que no sea auténtica maldad sino pura estupidez, que casi es peor, porque al malvado te lo ves venir, en cambio el otro te desconcierta con sus bandazos porque ni él sabe a donde va. En cuanto no les salen las cuentas, de donde primero tiran es de la cartera del ciudadano, y si no, véase la subida del IBI en Las Palmas de Gran Canaria.
A lo que todavía le estoy dando vueltas es a lo de la ley del tabaco, no acabo de ver dónde está el posible beneficio económico. Puede que ya hayan inventado el cigarrillo “ecológico” y estén preparando el terreno. O puede que sea una forma más de manifestar la prepotencia y el sadismo de los poderosos: “prohíbo porque puedo y te jodes”. Y que no vengan a decirme que los camareros pueden enfermarse. No hasta que también prohíban trabajar en el fondo de una mina por ser insalubre. Claro que, si les permitimos eso también, habrá que descatalogarnos como Homo Sapiens y buscar otra denominación más acorde con nuestro limitado existir.